CONCERT DE DAMIEN JURADO + MARK KOZELEK AL TEATRE LLOSETA, MALLORCA
Dissabte 22 de novembre de 2008 a les 21.30 h / Preu 15 euros / Arrels, cicle de concerts
Damien Jurado arriba a Europa per presentar el seu nou treball, l'aplaudit “Caught In The Trees”, novè àlbum del nord-americà. Estem parlant d'un dels cantautors claus de l'última dècada, considerat el Raymond Carver de l'indie. Detall important: les seves lletres, al voltant del desamor i el to tràgic de la vida, sempre en tercera persona i amb un fort component emocional, han canviat en aquest disc de protagonista. Ara parlen del propi Jurado. La culpa la té el seu recent divorci, que ha fet possible que no hagi de cercar fora el que ja té dins: una història sentimental de dura ruptura, un cor amb retrets, un home abandonant la carretera per la qual portava transitat disset anys amb la mateixa dona (tretze d'ells, casats; també tenen un fill en comú), unes sòlides conviccions religioses davant un repte inesperat. Per això, si en els seus commovedors directes Damien viu i fa viure les seves cançons a uns nivells gairebé intensos (fins al punt que de vegades plora interpretant-les), en aquesta ocasió tot això es veurà redimensionat. La seva gira més especial.
No és sols que en el nou disc de Damien Jurado, “Caught In The Trees”, no hi hagi cançons que siguin per omplir. Perquè les tretze tenen la seva raó de ser i d'estar. És quelcom més: un àlbum que reivindica la importància del cantautor de Seattle, el Raymond Carver de l'indie, amb el que vol subratllar un dels seus trets definitoris: la fascinació pel que desconeix. Perquè Jurado, com l'històric cantant de gospel Clyde McPhatter, com el llegendari bluesman Robert Johnson, com The Drifters i Dion, també com Low, no és algú que accepti el món tal com és i es limiti a parlar el llenguatge d'allò que coneix. Ell utilitza el llenguatge del que no és, ni es veu ni s'escolta. El de qui ha estat a l'altra riba de la realitat i després ha tornat a aquesta (si escau, que es vegin aquí les seves fortes conviccions religioses, la seva fe en les revelacions, igual com ocorre amb Low; en el cas de Robert Johnson, les d'algú que va conèixer el dimoni).
Damien Jurado llega a Europa para presentar su nuevo trabajo, el aplaudido “Caught In The Trees”, noveno álbum del estadounidense. Estamos hablando de uno de los cantautores claves de la última década, considerado el Raymond Carver del indie. Detalle importante: sus letras, alrededor del desamor y el tono trágico de la vida, siempre en tercera persona y con una fuerte pegada emocional, han cambiado en este disco de protagonista. Ahora hablan del propio Jurado. La culpa la tiene su reciente divorcio, que ha hecho posible que no tenga que buscar fuera lo que ya tiene dentro: una historia sentimental de dura ruptura, un corazón con reproches, un hombre abandonando la carretera por la que llevaba transitado diecisiete años con la misma mujer (trece de ellos, casados; también tienen un hijo en común), unas sólidas convicciones religiosas ante un reto inesperado. Por ello, si en sus conmovedores directos Damien vive y hace vivir sus canciones a unos niveles muy intensos (hasta el punto de que a veces llora interpretándolas), en esta ocasión todo eso se verá redimensionado. Su gira más especial.
No solo es que en el nuevo disco de Damien Jurado, “Caught In The Trees”, no haya canciones de relleno. Porque las trece tienen su razón de ser y de estar. Es algo más: un álbum que reivindica la importancia del cantautor de Seattle, el Raymond Carver del indie, con el subrayado uno de sus rasgos definitorios: la fascinación por lo desconocido. Porque Jurado, como el histórico cantante de gospel Clyde McPhatter, como el legendario bluesman Robert Johnson, como The Drifters y Dion, también como Low, no es alguien que acepta el mundo tal y como es y se limita a hablar el lenguaje de lo conocido. Él utiliza el lenguaje de lo que no es, no se ve y no se escucha. El de quien ha estado en la otra orilla de la realidad y después ha regresado a esta (en su caso, léanse aquí sus fuertes convicciones religiosas, su fe en las revelaciones, igual que ocurre con Low; en el caso de Robert Johnson, las de alguien que conoció al demonio).
En la guitarra y en la voz de Damien se intuyen siempre otras dimensiones / posibilidades diferentes a las elegidas. En cada emoción que expresa, algo que no se manifiesta. En cada nota que toca, otra que no suena. Como si cada canción fuera un intento de escapar del mundo que conocemos y, al mismo tiempo, un sueño flotante en el que ese mundo ya no es una prisión. La misma onda que emitieron la canción “Like A Rolling Stone” y el disco “Nebraska”.
Por primera vez, de la tercera persona (del singular o el plural) ha pasado a la primera del singular. Se ha tirado toda su carrera haciendo canciones de desamor y muerte sobre personajes ficticios. Y de repente, el protagonista de los temas es él. Hay una explicación: el fin de la relación con la mujer que durante diecisiete años fue su compañera sentimental (trece de ellos, casados) y con la que tiene un hijo. Un aspecto que hace de este álbum un punto y aparte en su trayectoria. Musicalmente, funciona como un río que se ensancha y se estrecha, pero que fluye como una sola pieza, no como una colección de canciones. Un río que no puede evitar las aguas torturadas, eso es un hecho, pero que también permite triunfar al confort ante el terror y a la luz frente la oscuridad. De ahí que el cantautor indie que seguramente mejor ha retratado al Medio Oeste estadounidense se atreva a reivindicarse en “Caught In The Trees” incluso como mago del pop: la inicial “Gillian Was A Horse” suena como la versión 2008 de “War On War” de Wilco, pero incluso con mayor porcentaje adhesivo. Uno de los singles del año, sin duda. Damien consigue eso con mimbres escasos –su voz y su guitarra acústica, más piano y chelo, forman la bulba del álbum-, pero para él son más que suficientes, debido a lo que decíamos antes: no es solo lo que hace y dice con ellos, también lo que evoca.
Conegut per molts gràcies a les dues bandes que dirigeix, Red House Painters i Sun Kil Moon, Mark Kozelek escriu tan bé que les seves lletres funcionen com si fossin un llibre. D'aquí que el 2002 les recopilés i les publiqués d'aquesta manera, sota el títol de “Nights Of Passed Over” –una obra que acaba de reeditar-se -. Però acompanyades de música és quan aquestes frases adquireixen el seu significat absolut. I Kozelek no fa precisament una música qualsevol: no en va està considerat un dels pilars del rock alternatiu des de principis dels 90, quan va treure el cap per San Francisco amb discos que el van posar al capdavant de la facció del slowcore (tempos, arranjaments i melodies lentes i minimalistes, al servei del folk-rock acústic i algun paisatge dissonant).
Des del seu debut discogràfic el 1992, ha publicat àlbums (diversos d'ells, considerats ja clàssics de l'indie) amb el seu nom i amb el dels seus grups, Red House Painters i Sun Kil Moon. Amb aquesta última denominació, la més recent, ha signat el flamant “April”, un treball que, fent un joc de paraules amb el seu títol, sona a la primavera desprenent-se de les anteriors estacions. Hi ha colors, però hi ha pluja. Hi ha quelcom de la solemnitat de l'americana que ha transitat en altres discos, però és una familiaritat contagiada de frescor, novetat i esperit aventurer, no de conservadorisme.
Conocido por muchos gracias a las dos bandas que dirige, Red House Painters y Sun Kil Moon, Mark Kozelek escribe tan bien que sus letras funcionan como si fueran un libro. De ahí que en 2002 las recopilase y las publicara de esa guisa, bajo el título de “Nights Of Passed Over” –una obra que acaba de reeditarse-. Pero acompañadas de música es cuando esas frases adquieren su significado absoluto. Y Kozelek no hace precisamente una música cualquiera: no en vano está considerado uno de los pilares del rock alternativo desde principios de los 90, cuando sacó la cabeza por San Francisco con discos que le pusieron al frente de la facción del slowcore (tempos, arreglos y melodías lentas y minimalistas, al servicio del folk-rock acústico y algún paisaje disonante).
Desde su debut discográfico en 1992, ha publicado álbumes (varios de ellos, considerados ya clásicos del indie) con su nombre y con el de sus grupos, Red House Painters y Sun Kil Moon. Con esta última denominación, la más reciente, ha firmado el flamante “April”, un trabajo que, haciendo un juego de palabras con su título, suena a la primavera desprendiéndose de las anteriores estaciones. Hay colores, pero hay lluvia. Hay algo de la solemnidad de la americana que ha transitado en otros discos, pero es una familiaridad contagiada de frescura, novedad y espíritu aventurero, no de conservadurismo.
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Fona Artists es una empresa dedicada a la gestión de actividades de carácter cultural, dando especial importancia a la música y la fotografíia, pero sin olvidar también el cine, la danza o cualquier otra forma de expresión artística.
Fona representa al fotógrafo Pep Bonet y al grupo musical Sterlin. Dirige la programación musical del Teatre Lloseta y organiza conciertos, festivales y exposiciones durante todo el año tanto en Mallorca como en Menorca e Ibiza.
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